Génesis Playboriano
Gracias a todos mis excompañeros
que tanto me enseñaron y que tanta
paciencia me tuvieron, en especial a
Mónica M. que puso en mis manos
este mágico instrumento.
Todo comenzó cuando soñe que Mónica me decia -lo que pasa es que tu eres pendejo, deberías aprender a los chinos, ellos si saben hacer dinero-y desperté. Se difuminaba este sketch onírico cuando sonó el timbre que me anunciaba las llamadas telefónicas en el departamento de mi abuela, tres pisos abajo. Como pude me vestí y baje de prisa, contesté, era Francisca, la coordinadora editorial de la revista Playboy México, quien me comentó que estaba libre una plaza y que Mónica, en ese entonces mi cuñada y editora en jefe de la revista, había pensado en mi, (cuando ella platicaba este suceso de pensar en mi, asumia un estado de trance, levantando las manos y con los ojos en blanco; una más de sus místicas determinaciones al mando). Le contesté que me ducharía e inmediatamente me presentaría ante ellas para platicar y colgué.
Anteriormente había estado de visita en ese lugar en la colonia Del Valle. Pero en algún momento previo imaginé dichas instalaciones con un tanto de glamour o algo parecido, donde las conejitas se estarían paseando con diminutas ropas sirviendo champagne, para inspiración del personal; seguramente así lo pensaría cualquier ingenuo, lo cual pude comprobar más adelante. Pero el inmueble era una enorme y laberíntica bodega color blanco manicomio, improvisado para la redacción de la revista sobre estilo de vida más famosa del mundo, con más de cincuenta años de reconocida trayectoría, con un nombre y símbolo que implican bellas imágenes, ideales voluptuosos, controvertidos discursos, asociaciones con estereotipos, moral, prejuicios, pornografía, elegancia, sexo, glamour, masturbación (páginas adheridas entre si) y recuerdos de contrabando entre los compañeros en las épocas de escuela. Definitivamente un parte aguas en la historía de las publicaciones.
Francisca que me explicó lo concerniente al puesto y sus requisistos, los cuales yo acepté sin titubeos y entonces la contratación termino cuando dijo -pues entonces ya-. Desde ese momento me convertí en el asistente editorial, o sea, en el IBM: -ibm a traer el café, ibm a llevar esto, ibm a hacer lo otro, ibm a…- hacer todas aquellas labores que hacen los auxiliares. Así sucedieron las cosas por uno o dos meses hasta que un día me dijeron -ibm a hacer una pequeñísima entrevista y una foto a un tipo español- que para colmo baila flamenco. Entonces fuí al Centro Cultural España, yo estuve muy nervioso, me sudaron varias partes del cuerpo mientras por muchos lados perseguí al flamenco; no me iría sin lo comisionado. Instrumentado con una grabadora digital cuyo funcionamiento ignoraba completamente al igual que el de la cámara digital, pero me dijeron que oprimiera -aquí y los aparatos harían el resto. Pues bien, hice la pregunta, puché el obturador y resplandeció el flash. Este acontecimiento fue el principio de un nuevo periodo de mi vida. Antes saqué fotos sólo en costeables ocasiones, contables con una mano, con una cámara 110 que una noche de borrachera canjeé por un viaje en taxi. Entonces presenté lo obtenido, ante lo cual se mostraron satisfechos. Desde ese momento, a mis tareas cotidianas se sumaron el asistir a conferencias de prensa y eventos sociales, pero además fuí encargado de las fotos de backstage durante las sesiones fotógraficas; para envidia de todos los hombres. El primer pictorial que presencié fue el de una bella brasileira, con la que deleité la pupila e hice fotos hasta el cansancio, en especial de su lindo vientre espolvoreado por gotas de agua. Ella me comento que -seguramente tú estas acostumbrado a ver mujeres desnudas, pues tienes una actitud de alguien habituado a este tipo de cosas-, yo le confesé que -igual que tú, esta es la primera vez que estoy en una seción fotográfica- y pensé que también es la primera vez que estoy frente a una mujer desnuda que no tocaré.
Anduve de arriba a abajo, armado con una Canon de 4.6 megapixeles, ya muy traqueteada, con un falso contacto por lo que se apagaba en los momentos menos convenientes. En varias ocasiones tuve que mentir a los retratados, hasta al mismísimo concesionado de la revista, al informarles que –salieron muy bien- en la supuesta foto, pues ellos, con posada sonrisa, seguian esperando el destello del flash. Me metió en muchos aprietos y bochornos esa camarita, para colmo yo no sabía nada de las funciones digitales, así que me pusé a leer el instructivo, ha investigar, experimentar y más que nada a sacar y sacar fotos.
Llegó el momento en que Mónica me pregunto -¿quieres ser el fotorreportero oficial de la revista?-; le respondí –si-, sin titubear. También me pregunto -¿estas preparado para la presión que implicaba este codiciado puesto?- y volvi a decir –si-, sin reflexionar. Entonces me encargó encontrar una cámara que estuviera acorde con las necesidades y el presupuesto; el resultado fue la Rebel XT. Después de meses, regateos con las finanzas e impaciente espera, por fin esta llego, y cuando llego hasta dormia con ella, sacandole foto a lo que se moviera y no.
Mi vida empezó a cambiar, primero por el simple hecho de tener un trabajo más o menos estable y pagarle a mi familia las rentas del departamento más o menos a tiempo, de pronto tuve más conocidos varones (quién sabe por qué...razón), compañeros de trabajo y vida social. Hasta compré unos calzones estampados con el conejito. Contrario a lo que pensé, mi familia no expresó sensura, aunque tardó mucho tiempo en digerir a que me dedicaba (por ejemplo, mi abuela aun me preguntaba cómo me hiba con las propinas en el restaurante aquel donde trabajé como mesero). Mi papá dijó estar contento por mi y de la misma manera recibía su ejemplar cada mes. Era raro que en el sagrado recinto del trabajo diario hubise imagenes de mujeres desnudas por todos lados, en ocasiones sentí estar en uno de esos talleres mecánicos o de zapatos donde las paredes estan tapizadas por posters y calendarios de chicas güapas. Cuando a cualquiera le comenté que trabajaba en esta empresa, muchos prejucios afloraban, cuando asistí a eventos por cubrir y me preguntaban -¿de qué medio vienes?- y yo les respondía, las reacciones y los comentarios fueron característicos: las mujeres o se ponían muy serías como diciendo -yo no soy de esas- o se deschongaban buscando la cámara, los hombres con voz insinuante y queriendo hacerse los graciosos preguntaban -¿en dónde estan las conejitas?-, otros me barrieron de pies a cabeza juzgando mi incongruente facha e incredulos me exigieron alguna credencial o algo que me sustentara. Pero lo más raro era trabajar en algo que en realidad me gustaba y con pago incluido, digo raro porque en general en este país (y en la vida) es milagroso trabajar en lo que a uno realmente le gusta y a mi me encantaba andar en la calle todo el día dando el roll, sacando hasta trecientas fotos a diario, con el plus de estar siempre donde estaba la belleza femenina. También cambió mi manera de ver el mundo, todo lo veía (y veo) enmarcado; el lente de la cámara se habia incrustado en mi ojo. Todo lo veía en términos de luz, perspectiva, fondo y forma. Se estimulaba mi imaginación y mi sentido artístico. ¿Qué más le podía pedir a la vida?
Poco a poco se me encomendaban más eventos por cubrir, de pronto mi primer retrato a página completa de Martin Amis. Mi primera entrevista a Beatriz Paredes (en esta ocasión me sentía frustrado porque según yo las imágenes me habían quedado feas además de oscuras, pero en Diseño me dijeros que la luz se podía subir, pero el aspecto de la mujer ni con photoshop). Mi primera alfombra roja, el primer fotorreportaje, los primeros viajes, pasarelas, deportes, espectáculos, castings, etc... Llego el momento en que la revista tenia en su mayoria fotos de mi autoría, en todas la secciones. Pero menos en los pictoriales. Muchas experiencias, muchos viajes, mucha desnudes, mucho contacto con personas inteligentes, valiosas, famosas y supuestamente importantes, muchas horas de trabajo y lo más importante muchas muchas fotos.
Gracias a todos mis excompañeros
que tanto me enseñaron y que tanta
paciencia me tuvieron, en especial a
Mónica M. que puso en mis manos
este mágico instrumento.
Todo comenzó cuando soñe que Mónica me decia -lo que pasa es que tu eres pendejo, deberías aprender a los chinos, ellos si saben hacer dinero-y desperté. Se difuminaba este sketch onírico cuando sonó el timbre que me anunciaba las llamadas telefónicas en el departamento de mi abuela, tres pisos abajo. Como pude me vestí y baje de prisa, contesté, era Francisca, la coordinadora editorial de la revista Playboy México, quien me comentó que estaba libre una plaza y que Mónica, en ese entonces mi cuñada y editora en jefe de la revista, había pensado en mi, (cuando ella platicaba este suceso de pensar en mi, asumia un estado de trance, levantando las manos y con los ojos en blanco; una más de sus místicas determinaciones al mando). Le contesté que me ducharía e inmediatamente me presentaría ante ellas para platicar y colgué.
Anteriormente había estado de visita en ese lugar en la colonia Del Valle. Pero en algún momento previo imaginé dichas instalaciones con un tanto de glamour o algo parecido, donde las conejitas se estarían paseando con diminutas ropas sirviendo champagne, para inspiración del personal; seguramente así lo pensaría cualquier ingenuo, lo cual pude comprobar más adelante. Pero el inmueble era una enorme y laberíntica bodega color blanco manicomio, improvisado para la redacción de la revista sobre estilo de vida más famosa del mundo, con más de cincuenta años de reconocida trayectoría, con un nombre y símbolo que implican bellas imágenes, ideales voluptuosos, controvertidos discursos, asociaciones con estereotipos, moral, prejuicios, pornografía, elegancia, sexo, glamour, masturbación (páginas adheridas entre si) y recuerdos de contrabando entre los compañeros en las épocas de escuela. Definitivamente un parte aguas en la historía de las publicaciones.
Francisca que me explicó lo concerniente al puesto y sus requisistos, los cuales yo acepté sin titubeos y entonces la contratación termino cuando dijo -pues entonces ya-. Desde ese momento me convertí en el asistente editorial, o sea, en el IBM: -ibm a traer el café, ibm a llevar esto, ibm a hacer lo otro, ibm a…- hacer todas aquellas labores que hacen los auxiliares. Así sucedieron las cosas por uno o dos meses hasta que un día me dijeron -ibm a hacer una pequeñísima entrevista y una foto a un tipo español- que para colmo baila flamenco. Entonces fuí al Centro Cultural España, yo estuve muy nervioso, me sudaron varias partes del cuerpo mientras por muchos lados perseguí al flamenco; no me iría sin lo comisionado. Instrumentado con una grabadora digital cuyo funcionamiento ignoraba completamente al igual que el de la cámara digital, pero me dijeron que oprimiera -aquí y los aparatos harían el resto. Pues bien, hice la pregunta, puché el obturador y resplandeció el flash. Este acontecimiento fue el principio de un nuevo periodo de mi vida. Antes saqué fotos sólo en costeables ocasiones, contables con una mano, con una cámara 110 que una noche de borrachera canjeé por un viaje en taxi. Entonces presenté lo obtenido, ante lo cual se mostraron satisfechos. Desde ese momento, a mis tareas cotidianas se sumaron el asistir a conferencias de prensa y eventos sociales, pero además fuí encargado de las fotos de backstage durante las sesiones fotógraficas; para envidia de todos los hombres. El primer pictorial que presencié fue el de una bella brasileira, con la que deleité la pupila e hice fotos hasta el cansancio, en especial de su lindo vientre espolvoreado por gotas de agua. Ella me comento que -seguramente tú estas acostumbrado a ver mujeres desnudas, pues tienes una actitud de alguien habituado a este tipo de cosas-, yo le confesé que -igual que tú, esta es la primera vez que estoy en una seción fotográfica- y pensé que también es la primera vez que estoy frente a una mujer desnuda que no tocaré.
Anduve de arriba a abajo, armado con una Canon de 4.6 megapixeles, ya muy traqueteada, con un falso contacto por lo que se apagaba en los momentos menos convenientes. En varias ocasiones tuve que mentir a los retratados, hasta al mismísimo concesionado de la revista, al informarles que –salieron muy bien- en la supuesta foto, pues ellos, con posada sonrisa, seguian esperando el destello del flash. Me metió en muchos aprietos y bochornos esa camarita, para colmo yo no sabía nada de las funciones digitales, así que me pusé a leer el instructivo, ha investigar, experimentar y más que nada a sacar y sacar fotos.
Llegó el momento en que Mónica me pregunto -¿quieres ser el fotorreportero oficial de la revista?-; le respondí –si-, sin titubear. También me pregunto -¿estas preparado para la presión que implicaba este codiciado puesto?- y volvi a decir –si-, sin reflexionar. Entonces me encargó encontrar una cámara que estuviera acorde con las necesidades y el presupuesto; el resultado fue la Rebel XT. Después de meses, regateos con las finanzas e impaciente espera, por fin esta llego, y cuando llego hasta dormia con ella, sacandole foto a lo que se moviera y no.
Mi vida empezó a cambiar, primero por el simple hecho de tener un trabajo más o menos estable y pagarle a mi familia las rentas del departamento más o menos a tiempo, de pronto tuve más conocidos varones (quién sabe por qué...razón), compañeros de trabajo y vida social. Hasta compré unos calzones estampados con el conejito. Contrario a lo que pensé, mi familia no expresó sensura, aunque tardó mucho tiempo en digerir a que me dedicaba (por ejemplo, mi abuela aun me preguntaba cómo me hiba con las propinas en el restaurante aquel donde trabajé como mesero). Mi papá dijó estar contento por mi y de la misma manera recibía su ejemplar cada mes. Era raro que en el sagrado recinto del trabajo diario hubise imagenes de mujeres desnudas por todos lados, en ocasiones sentí estar en uno de esos talleres mecánicos o de zapatos donde las paredes estan tapizadas por posters y calendarios de chicas güapas. Cuando a cualquiera le comenté que trabajaba en esta empresa, muchos prejucios afloraban, cuando asistí a eventos por cubrir y me preguntaban -¿de qué medio vienes?- y yo les respondía, las reacciones y los comentarios fueron característicos: las mujeres o se ponían muy serías como diciendo -yo no soy de esas- o se deschongaban buscando la cámara, los hombres con voz insinuante y queriendo hacerse los graciosos preguntaban -¿en dónde estan las conejitas?-, otros me barrieron de pies a cabeza juzgando mi incongruente facha e incredulos me exigieron alguna credencial o algo que me sustentara. Pero lo más raro era trabajar en algo que en realidad me gustaba y con pago incluido, digo raro porque en general en este país (y en la vida) es milagroso trabajar en lo que a uno realmente le gusta y a mi me encantaba andar en la calle todo el día dando el roll, sacando hasta trecientas fotos a diario, con el plus de estar siempre donde estaba la belleza femenina. También cambió mi manera de ver el mundo, todo lo veía (y veo) enmarcado; el lente de la cámara se habia incrustado en mi ojo. Todo lo veía en términos de luz, perspectiva, fondo y forma. Se estimulaba mi imaginación y mi sentido artístico. ¿Qué más le podía pedir a la vida?
Poco a poco se me encomendaban más eventos por cubrir, de pronto mi primer retrato a página completa de Martin Amis. Mi primera entrevista a Beatriz Paredes (en esta ocasión me sentía frustrado porque según yo las imágenes me habían quedado feas además de oscuras, pero en Diseño me dijeros que la luz se podía subir, pero el aspecto de la mujer ni con photoshop). Mi primera alfombra roja, el primer fotorreportaje, los primeros viajes, pasarelas, deportes, espectáculos, castings, etc... Llego el momento en que la revista tenia en su mayoria fotos de mi autoría, en todas la secciones. Pero menos en los pictoriales. Muchas experiencias, muchos viajes, mucha desnudes, mucho contacto con personas inteligentes, valiosas, famosas y supuestamente importantes, muchas horas de trabajo y lo más importante muchas muchas fotos.
Retraits







Happenings





1 comment:
hola daniel ...la verdad no le entendi casi a esto pero te mando mis saludos
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